martes, 15 de septiembre de 2009
Michael See, Ph.D.
En la parte de arriba de la tarjeta, en letra roja centrada, se lee "Michael See Ph.D." En la línea que le sigue, "Climate-Induced Displacement Advisor". En la parte del medio, en letra azul centrada, "Author, Greenhouse Gas Emissions, Published by Springer Science & Business, 2001". Y, en la parte de abajo están escritos, en la misma letra azul centrada, dos correos electrónicos.
Después de intercambiar tarjetas, Michael buscó en su maletín de cuero, sacó un libro y me dijo que él era un experto en cambio climático. El libro estaba muy trajinado y venía forrado en plástico transparente, de la misma forma en que a uno le forraban los cuadernos y los libros de primaria. Yo me puse a hojearlo mientras él hablaba, pensando en cómo putas me iba a librar de un vendedor de Singapur que en vez de intentar venderme un curso para aprender a hablar inglés en tres meses, me estaba vendiendo un modelo para lidiar con el cambio climático, los desastres naturales y el desplazamiento de personas.
Como un molesto vendedor de herbalife o de biblias, Michael siguió la secuencia típica de ese tipo de papas calientes: "yo ahora estoy muy ocupado pero vaya y hable con fulanito que él de pronto lo puede atender". En efecto, los del Ministerio para la Reintegreación Social le dijeron que nosotros estábamos trabajando con las víctimas de las inundaciones. Él fue y buscó a mi jefe - que estaba en una reunión por fuera de la oficina- y ella, muy querida, se lo mandó a mi esposa. Mi esposa no estaba y me tocó aguantármelo a mí. ¡Esas cosas no se hacen!
Ya en nuestra oficina, le advertí que mi esposa no estaba y que se iba a demorar por lo menos 45 minutos. "No hay problema, yo la espero", me dijo. También le advertí que aunque nosotros teníamos un proyecto de emergencia sobre las inundaciones, que ni ella ni yo trabajábamos en ese tema. Que no, que él esperaba porque mi jefe le había dicho que fuera y hablara con Catalina. A mi la cosa me empezó a parecer rara. Cuando sacó su libro y me dijo que él había sido una de las primeras personas en el mundo que había llamado la atención sobre las consecuencias del cambio climático, me di cuenta que estaba ante un verdadero charlatán. Y claro, me pasó lo que me pasa con todos los vendedores: que me da embarrada y me les aguanto toda la lora.
Michael me habló casi una hora de su "modelo". La verdad no logré entender mucho, pero me acuerdo que sacó un documento que contenía una matriz y me explicó que existían tres modelos que abordaban el tema: el de Naciones Unidas, el del Banco Mundial y el suyo. Que una de las ventajas de su modelo era que tenía un indicador de impacto que se obtenía de una fórmula que tenía en cuenta, entre otras variables, el índice de desarrollo humano de cada país, el número de desplazados y la serie estadística o la probabilidad de desastres naturales.
En la matriz estaba escrito el título del modelo y, para que no quedaran dudas, by "Michael See Ph.D. Author, Greenhouse Emissions... 2001. "Muy interesante Michael", le dije, "pero la verdad es que ese proyecto de las inundaciones ya está en su fase final, pero si quiere déjeme y le busco los contactos de nuestra sede regional que de pronto ellos lo pueden ayudar".
viernes, 28 de agosto de 2009
Sin luz (ni agua)
El que nos contó fue un gordo bonachón de ojos femeninos y cejas que parecían (o eran) depiladas. En ese momento estaba hablando con un electricista que estaba mirando los fusibles y haciendo una cotización. Le preguntamos que cómo era el asunto, que si los vecinos se iban a reunir e iban a pedir una cuota por cada apartamento. Nos dijo que sí, que iban a pasar por cada apartamento. Pasó una semana y nada. Una mañana que salíamos para el trabajo, mi mujer le preguntó al vecino que si sabía algo de la luz y que con quién teníamos que hablar para pagar nuestra cuota. Se encogió de hombros y le dijo que no sabía nada. Esto va para largo, pensamos.
En este, como en muchos otros edificios de Luanda, no hay una administración. Poner a la gente de acuerdo acerca de los temas de interés común es una tarea dificilísima. La limpieza de las escaleras, por ejemplo, es una de ellas. La gente bota basura a lo largo de las escaleras (cáscaras de banano, latas de cerveza y gaseosa, paquetes de papas, etcétera) y llega un punto en el que se acumula tanta basura, que las escaleras del predio comienzan a oler realmente mal.
Cuando nos pasamos al apartamento hace como dos meses preguntamos que si había alguna persona encargada de limpiar las escaleras. Nos dijeron que sí pero que no había vuelto. Le preguntamos nuevamente a Toy –el gordo bonachón me pidió llamarlo así- y nos contó que la señora no había vuelto porque muchos apartamentos dejaron de pagar la cuota y la señora dejó de recibir su paga. Total, las escalaras permanecen sucias hasta que llega alguien –me gustaría saber quién para unírmele- se desespera y las manda limpiar.
Si es así con la basura que la gente deja en las áreas comunes no quiero imaginarme lo que vamos a durar sin luz mientras se ponen de acuerdo sobre cómo van a arreglar la electricidad del edificio.
Lo peor del cuento es que cuando se va la luz se va también el agua. En nuestro predio, o por lo menos en nuestro piso el agua funciona más o menos así. El agua sube hasta un tanque de concreto que está en el pasillo del apartamento junto a otros tanques. (Al principio eso me pareció raro: cuando uno llega al pasillo el tanque de agua de nuestro apartamento está ahí a la vista.) El agua sube hasta el tanque impulsada por una electro bomba, también exclusiva de nuestro apartamento y que queda, no sé por qué, en un cuarto de máquinas del edificio de al lado, también junto con las electro bombas de los otros apartamentos. Para que el agua suba hasta el tanque hay que encender uno de los fusibles del apartamento. Luego –siempre y cuando el tanque tenga suficiente agua- hay que encender otro fusible para que otra bomba envíe el agua desde el tanque hasta el apartamento. El proceso tiene, como se ve, muchos trámites y peligros. Una vez dejamos encendido el primer fusible y el nivel del tanque estaba dañado: inundamos el pasillo, el agua llegó hasta el piso de abajo, me gané un regaño de un vecino y, si no nos damos cuenta, inundamos todo el edificio.
En todo caso, todo el proceso del agua requiere electricidad. Como no tenemos luz (ni agua) llevamos tres semanas comprándole a un miudo galones del preciado líquido. Con ellos llenamos una caneca que tenemos en la cocina. Uno de los problemas de nuestro nuevo sistema de abastecimiento es que no siempre podemos conseguir al miudo. Para que se entienda, la caneca dura más o menos dos días. Si al tercer día el miudo no aparece y cualquiera de los dos estómagos sufre el más leve revés intestinal, ¡la puta que te parió!
Aunque estoy poco a poco abandonando el baño diario, he aprendido a maximizar los baldes de agua necesarios para la limpieza corporal. Para bañarse son necesarios tres baldes de aproximadamente 9 litros, es decir, 27 litros de agua mal contados. Menos es suciedad más es desperdicio. Lo más aconsejable es lavarse primero el pelo en el lavamanos. Para ello se pone el balde al lado y con una coca se enjuaga el pelo, se lava con champú y se vuelve a enjuagar; no es necesario repetir el procedimiento. Después hay que ir a la ducha y seguir con el resto del cuerpo.
Al principio opté por una técnica que gastaba mucha agua y que consistía en lavarse primero las extremidades inferiores y terminar con el tórax y los brazos. Lo mejor es enjuagarse, enjabonar todo el cuerpo y retirar el jabón de arriba para abajo. De esta manera el agua quita el jabón y mientras cae va retirando el jabón de más abajo. Así, cuando se llega a las piernas, retirar el jabón requiere de mucha menos agua.
viernes, 10 de julio de 2009
Cooperación internacional: el funcionario venido a más y el hippie
El funcionario venido a más es un cínico. Puede hablar encantado en los seminarios (o worshops que llaman) de la justicia social y del compromiso de su institución con el gobierno o con metas más nobles como los MDG (el funcionario venido a más es un maestro en el uso de las siglas y maneja con soltura miles de ellas) y, al regresar a su oficina, tratar como un culo a su conductor, secretaria o asistente; en un día de malas pulgas a los tres. Aquí en Angola conozco varios de estos funcionarios venidos a más (FVM) y he tenido que trabajar con otros tantos.
Un detalle, por ejemplo, que me molesta mucho de algunos de ellos es su resistencia a hablar portugués. Si uno sigue las reglas, el portugués no es una lengua oficial de las Naciones Unidas. Pero, ¿cómo es posible que personas que llevan tres o cuatro años en este país hablen de compromiso y no sean capaces de sostener una reunión en portugués ante un auditorio de angolanos? Mi jefe es un ejemplo perfecto. En mi oficina, los viernes hay a veces unos desayunos (staff meeting) para todo el personal. Ella habla varios idiomas, lleva viviendo en este país tres años y medio, y habla en inglés durante todo el desayuno, a pesar de que la mayoría de empleados no entienden un carajo. Cuando intenta hablar en portugués balbucea tres estupideces y termina pidiéndole a alguien que le traduzca lo que está diciendo. Y como ella hay muchos.
Otra perla del compromiso y alto sentido humanitario que se maneja en mi oficina (donde debo decir que tenemos dos FVM típicos), le tocó vivirlo a la señora del aseo. Ella estaba reemplazando a su hermana que estaba de licencia de maternidad y tuvo un problema con su contrato (no le pagaban hacía dos meses). Cuando le pregunté por cuánto tiempo estaba su contrato, me dijo que ella no sabía porque estaba en inglés y cuando ella preguntó qué contenía le dijeron algo así como, “eso firme que el contrato está bien”.
El descaro y la contradicción entre las nobles metas y el comportamiento de los FVM, no sólo son exclusivos de mi organización. Conozco casos en Naciones Unidas de mal trato con los empleados, de explotación laboral… ¿Cómo es que estos personajes terminan trabajando donde trabajan? Existen varios problemas: yo creo que los mecanismos de control interno, aunque existen, no funcionan correctamente. Creo también que hay problemas de selección de personal, porque muchos organismos tienen salarios y beneficios laborales muy atractivos con unos estándares de calidad del recurso humano pésimos. Es ese contexto el que posibilita la aparición de los FVM. Pero esto merece un estudio más detallado. Por ahora, vayamos al hippie.
Si el FVM es un cínico, el hippie es alguien que se engaña a sí mismo y se olvida que se engañó. El FVM, como dije, es alguien que habla en público de ideales elevados que contradice con su comportamiento. Pero, por lo menos, no se engaña con respecto a sus intereses: está dispuesto a hacer lo que sea por subir en el escalafón, ganar más plata, tener más poder y vivir su vida de seudo diplomático con todos los lujos y todos los juguetes. El hippie cree en esos mismos ideales pero se presenta a sí mismo como si no tuviera intereses egoístas. Lo de él es puro altruismo. Conocí uno divino que me dijo, hablando muy seriamente, que había venido a África porque cuando comenzó a estudiar la realidad africana en su universidad, se dio cuenta que los europeos habían puteado este continente. Inmediatamente sintió que era una cuestión ética venir a África y ayudar a su gente. Conceptualmente me fue muy difícil entender esa conversación porque, como buen hippie, hablaba también de nuevas formas de colonialismo como los derechos humanos y el desarrollo. ¿Qué hacía entonces aquí? Con los hippies nunca se sabe. Pero yo he aprendido a leerles el alma.
Lo que de verdad mueve el hippie es el ahorro y el prestigio. Ahorro para hacer sus viajes de turismo heroico y prestigio por trabajar en la reducción del hambre y la niñez desamparada, en sitios difíciles y bajo condiciones imposibles. Porque no nos digamos mentiras: ¡qué berracos tan tacaños y tan conchudos! Un hippie puede viajar por toda África con cantidades de dinero reducidísimas. ¿Cómo lo logran? Quedándose en hostales multitudinarios asquerosos, abusando de la hospitalidad de amigos y conocidos, haciendo auto-stop, comiendo mal, en fin. “¡Uy, pero cómo conoces de países!”. Claro, como no, ahorrando cada centavo del salario que reciben por salvar el mundo. Al hippie también se le olvida una cuestión clave: que mientras más vende la imagen de la pobreza y de las necesidades, más dinero le entra a su organización para hacer talleres inútiles sobre igualdad de género y desarrollo sostenible.
Mi esposa y yo tuvimos dos encuentros cercanos con este espécimen y quedamos agotados. Uno de los encuentros tuvo por protagonista una suiza hedionda que tenía bigote, y que había venido a Angola a hacer una pasantía después de terminar la universidad. La conocimos en la pensión a la que llegamos el primer día. Al segundo día ella se fue para Menongue, otra ciudad de Angola. Para no alargar el cuento, a la pobre bigotuda le fue muy mal en Menongue y se fue para Huambo, otra ciudad de Angola donde también le fue mal (las malas lenguas decían que se había comido toda la nevera de la ONG donde se estaba quedando y la echaron a la calle). Llamó a nuestra jefe –era pasante de nuestra organización- y le dijo que se iba a devolver a Luanda y que se iba a quedar el resto del tiempo que le quedaba en Angola (tres meses) en nuestra casa. Cuando nuestra jefe nos contó quedamos fríos. Nos tocó llamarla y decirle que pues… hombre, no, primero tiene que pedir permiso y segundo, tres meses es demasiado. “Es que yo pensé que de pronto”.
Sin embargo, no pude ser lo suficientemente frío y el hippie que llevo adentro me hizo decirle que se podía quedar un par de días mientras resolvía su situación. Se quedó una semana, nos contaminó con su retórica hueca sobre lo inconveniente del capitalismo y la necesidad de adoptar el modelo sueco, trajo al novio a nuestra casa, se explayó en el sofá a ver televisión mientras Catalina y yo la mirábamos con rabia desde una silla incomodísima y, cuando se fue para Namibia, dejó en nuestra casa una maleta y una bolsa plástica o chuspa llena de calzones. Luego nos importunó por correo electrónico durante casi un mes para que le mandáramos la maleta y los calzones a Namibia. Cosa que no hicimos porque cuando se enteró de lo que costaba quedó quieta y, después de muchas vueltas, terminó diciéndonos que regaláramos sus cosas a la gente “pobre y vulnerable”. No miento, esa fue la expresión que utilizó.
Estas mismas personas son las que dicen orgullosas que viajaron tres meses con mil dólares y que en el trabajo se gastaban sólo 500 dólares al mes. Pero ya ven como es la táctica: tienen una red social inmensa (llaman amigo a cualquier gato que conocen en los caminos de sus múltiples peregrinaciones) de la que abusan, como se dice aquí, à vontade. Porque ellos piensan: si todos somos amigos y pertenecemos a esta comunidad de gente interesada en conocer y salvar el mundo, ¿por qué no puedo vivir gratis en una ONG o en la casa de este o aquel “amigo” que tiene un cuarto extra? Se engañan en creer que lo de ellos es buena onda: lo de ellos tiene un nombre: ahorro y tacañería. Como me decía Guillermo, mí querido amigo venezolano con un historial curtido en invasiones hippies, ellos hacen siempre cuentas alegres porque no se gastaron 1000 dólares, se gastaron mucho más: la alimentación que les ofreció la persona en donde se quedaron un mes sin aportar un peso, la electricidad, el agua, etcétera, etcétera. Y hay otra cosa: siempre les sale uno a deber.
Yo no sé cuál es peor, si el FVM con sus ínfulas nobiliarias, el mal trato a la gente y el descaro de decir en los eventos que lo importante es salvar vidas; o, el hippie que se tragó el cuento de que está salvando vidas, con su racionalidad de ahorro programado disfrazada de altruismo y echándole la culpa al sistema.
lunes, 4 de mayo de 2009
Técnicas para falar português
Ha sido un proceso paulatino. Al principio, Catalina y yo optamos por dos técnicas diferentes para podernos comunicar. Dado el parecido con nuestra lengua madre, Catalina optó por hablarle a la gente -en un perfecto español- despacio, modulando cada palabra, acentuando cada sílaba, como cuando uno le habla a alguien con problemas de audición o con algún tipo de retrazo mental. Yo me burlaba y le decía que las personas de aquí no eran brutas -no hablan español, eso es todo- y que no le estaban entendiendo un carajo.
Dado el parecido con nuestra lengua madre, yo escogí otra técnica igualmente ridícula. En un español risible, comenzaba a imitar los sonidos del portugués; algo así como "voy a regresar a mi casiña". Obviamente nadie me entendía y Catalina se burlaba preguntando que si yo, en serio, creía que estaba hablando portugués.
Poco a poco fuimos dejando esas técnicas de lado. Definitivamente uno empieza a hablar cuando se ve obligado a usar la lengua: comprar en el supermercado, comunicarse con los colegas del trabajo, hablar mal de los jefes, viajar y, sobre todo, preguntar para qué sirve tal o cual palabra, qué puedo hacer con ella. Wittgenstein tiene toda la razón: hablar, utilizar un determinado lenguaje, es una actividad natural como caminar o comer. Uno no se da cuenta cuando pero de pronto cae en cuenta que está usando con una naturalidad increíble una herramienta, una determinada expresión. "El lenguaje es una forma de vida", dice más o menos Wittgenstein.
Aunque suene contradictorio, una de las dificultades que tenemos los hispano hablantes para hablar portugués y usar sus herramientas, es el parecido de éste con el español. Este es el fenómeno del portoñol: aprendemos dos o tres palabras (eu, ficar) las mezclamos con español y creemos que ya estamos hablando portugués. Y, como los luso hablantes pueden derivar ciertos significados de las oraciones así formadas, dejamos de esforzarnos y ficamos con ese revoltijo hediondo que es el portoñol.
Los doctores cubanos son muestras clásicas. Una vez fuimos a la clínica porque Catalina estaba enferma. Empezamos a oír hablar español con acento cubano y nos dimos cuenta de que todos los doctores eran de la isla. Ahora, los cubanos han sido importantes en la historia de Angola y uno esperaría que los que viven aquí hablen un portugués al menos básico. Cuando estábamos esperando el turno, vimos que salía un doctor que le decía a una paciente que guardara cama y que si empeoraba volviera a verlo. La señora lo miró aterrada y puso una cara como de "¿que qué?". Él se esforzó un poco más y le dijo, "você tiene que guardar..." La señora, obvio, no entendió nada y le tocó a una enfermera angolana, que se ve que le ha tocado aprender a hablar español con los cubanos, explicarle lo que le había dicho el doctor.
Yo estoy tratando de escaparme de la trampa del portoñol. Los viajes a Menongue me han servido mucho; también los periódicos angolanos que compro de vez en cuando. Pero, sobre todo, los viajes. En los viajes, se não falo português, me jodo, e ninguém quer estar fodido.
martes, 31 de marzo de 2009
Sua Santidade Bento XVI
La ciudad estuvo parada durante 4 días. El viernes cerraron las calles por la llegada y no fuimos a la oficina. El fin de semana todo estuvo quieto y el lunes, por lo menos en mi oficina, la gente se tomó el puente por derecha.
El Papa tuvo unos días muy agitados: invitación del presidente, misas multitudinarias, paseos por Luanda en el papamóvil. Para su edad, tiene mucha resistencia física. Soportó toda la jornada con cierto estoicismo y mala cara, debida tal vez al cansancio. Estaba muy rojo y, en las misas, se limpiaba el sudor con un pañuelo que guardaba en la manga de su sotana. Todo esto lo vi por televisión. Catalina me dijo que saliéramos a verlo en vivo y en directo, pero me dio pereza. Y no me faltó la razón: la visita del Papa dejó un saldo de 2 muertos por asfixia (los cuales lamentó mucho), 90 heridos, 10 de ellos de gravedad. “Bento, amigo, Angola está contigo”, gritaban en las calles.
Políticamente hablando, el Papa reafirmó la posición del Vaticano frente a los preservativos y el SIDA: la fidelidad es la clave, piensa el célibe cabeza de la Iglesia Católica. De resto, lo obvio: sí, Angola se está recuperando muy bien de la guerra, pero todavía hay muchos pobres; las mujeres y los niños sufren mucho y hace falta ampliar la educación.
A mi lo que me intrigó mucho fueron los asuntos mundanos referidos al protocolo. El Papa es una especie de figura intermedia entre lo sagrado y lo profano. Es representante de Cristo en la tierra y a la vez jefe de Estado (con todo lo que implica ello); es un hombre, pero también se mueve en los terrenos de la santidad. El caso es que participa de ambas cosas y ese hecho se marca no sólo en su atuendo, sino en el respeto y distancia que su Santidad inspira. Vayamos entonces al terreno de lo profano, donde quiero dejar planteadas unas presuntas: ¿Comió funge, el plato típico de Angola? ¿Intentaron ofrecérselo? A juzgar por su piel, ¿por qué no le sugirieron que se echara bloqueador solar, al menos un SPF 50? ¿Sugerirle eso sería irrespetuoso? ¿Suponen, sobre todo los edecanes que lo acompañan, que él organiza su propio neceser? ¿Tienen, para decirlo en colombiano, un reserva de Lomotil pera lidiar con las complicaciones intestinales que puede sufrir el Papa y que de hecho sufrimos todos los extranjeros cuando llegamos a este país?
domingo, 1 de marzo de 2009
Rutina
Estoy comenzando a sentir los efectos de la rutina. Después de dos meses de vivir en Luanda, lo que antes me impresionaba, hoy es cosa de todos los días. Ya puedo caminar por las calles sin ese asco que sentía al principio. Hábil, sorteo toda la porquería de los andenes. Doy brincos impresionantes para no meter mis pies en los charcos. Me paso a la calle y me meto por los espacios que dejan los carros parqueados a ambos lados de los andenes. En la calle, esquivo los carros para que no me atropellen. Esta ciudad no es una ciudad para caminar. Pero ya no me importa. Ya no me dan nauseas los olores. Y me he acostumbrado al humor de la gente.
En este tiempo, nuestra vida ha transcurrido entre la oficina y la casa. Rutina pura y dura. La casa en la que vivimos y el edificio de enfrente, que tanto nos aterraban, se han convertido en paisaje. Incluso me alegra volver a la casa después de trabajar todo el día en la oficina. Ya miro por la ventana y me parece normal encontrarme el edificio de enfrente lleno de antenas parabólicas, aires acondicionados, basura en la entrada y muchos niños jugando (Angola está llena de niños).
Hace poco estuvimos sin energía quince días. Menos mal tenemos un planta eléctrica (geradore, le dicen aquí, aunque no sé cómo se escribe en Portugués) y eso nos permitió tener luz. Lo malo era el agua. Cuando se va la luz se va el agua y el gerador que tenemos no alcanza a subirla. Teníamos que pedirle a los dueños que nos conectaran el agua de abajo y nos tocaba bañarnos rapidísimo por las noches. Por las mañanas, un duchazo con totuma y agua en baldes. También nos estábamos acostumbrando a eso. Un día volvimos de trabajar y había otra vez luz (y agua).
Ya dejamos de hacer la operación Kuanzas, dólares, pesos. Ahora sólo kuanzas dividido dólares. La operación mental la hacemos con toda la naturalidad del caso: masomeneando la división. Lo que sí nos siguen pareciendo extrañas son las enfermedades y epidemias. Hace como un mes, tuvieron que cerrar la frontera con el Congo o con la República Democrática del Congo –no me acuerdo bien- porque temían que se pasara el virus del ébola. Este mes el tema en la prensa y en la radio fue la epidemia de rabia. Se murieron más de 60 niños en la ciudad, mordidos por perros infectados. En las emisoras la gente protestaba y alegaba contra el Gobierno. Un radioescucha, muy bravo, dijo que si el gobierno no hacía nada, el mismo iba a comenzar a matar a los perros en las calles. A esto habría que añadirle la malaria y el dengue. Aunque en Luanda no hay tanta malaria, se presentan muchos casos. Dicen que al mosquito que la transmite no le gustan los ambientes fríos, entonces que el aire acondicionado ayuda. Cuando me dé, supongo que también voy a acoplar la malaria a la normalidad.
martes, 10 de febrero de 2009
Muitos chinos
Un país con una oferta de mano de obra no calificada que excede con creces la demanda, recibe obreros chinos por montones. Yo supongo que salen más baratos. Algunas personas me han contado que parte de los obreros chinos son reclusos que el gobierno envía para que paguen su condena con trabajo. Globalización penal, podría uno pensar. La mayoría de esos obreros no hablan ni inglés ni portugués. No sé cómo se las arreglan pero lo cierto es que lo hacen.
Los he visto con sus sombreros de paja en los edificios y en las carreteras. También los he visto en la playa con cañas de pescar rudimentarias. No creo que sus condiciones sean muy dignas. Todos los obreros están mal vestidos. Los ingenieros y la mano de obre calificada, en cambio, se pasean en camionetas chinas, van a los supermercados y comen en restaurantes carísimos.
jueves, 5 de febrero de 2009
Los edificios y la búsqueda de apartamento (III)
Como yo no salia del asombro, el tipo me dijo que él sabía que en otras partes era distinto, pero que así eran las reglas del país. "¿Reglas? ¡Eso se llama abuso cabrón!", me provocó decirle. Todo lo que dijo de ahí en adelante me empezó a molestar y lo terminé odiando. Lo que me daba más empute era que de verdad creía que alquilándonos ese apartamento sin ventanas por 3.000 dólares nos estaba haciendo un favor.
Siga buscando. Nos presentaron un par de agentes inmobiliarios, más serios que los contactos de los amigos de los amigos de los conductores. Nos llevaron a un par de sitios realmente decentes. Uno de los agentes me contó que los edificios de arquitectura austera que tanto me habían llamado la atención, eran donde vivían los portugueses. Son la entrada de la arquitectura moderna a Angola, como oí que decían en un programa de radio. Cuando los portugueses se fueron en el 75, el gobierno de turno los nacionalizó y los repartió. Otra versión, la de un colombiano que conocí, dice que realmente los edificios fueron invadidos cuando se fueron los colonizadores. Cuando comenzó el gobierno del MPL no pudieron hacer nada, porque no tenían registros de propiedad. El gobierno los está legalizando hoy en día. Las vueltas son eternas y hay que pagar muchas gaseosas, que es el eufemismo que utilizan aquí para el soborno.
Sea como sea, en uno de esos apartamentos que nos mostraron los agentes inmobiliarios, conocimos a la dueña. Una mujer simpatiquísima, testigo de jehová. No paraba de hablar. Nos contó que ella vivía en Portugal y que con lo que arrendaba aquí el apartamento, alquilaba en Lisboa una casa de varios cuartos con piscina. Parece que mucha gente hace eso: alquila el apartamento y con el pago adelantado de un año se va a vivir a Europa. O alquila un apartamento en un sitio barato y manda a los hijos a estudiar a un país vecino (donde la educación es mejor y más barata), según nos contaron. El negocio es redondo: usted le alquila un apartamento a un extranjero, se embolsilla 36.000 dólares y chao, deja de trabajar un año.
Lo del año por adelantado nos dificultó aun más la búsqueda porque muy pocas personas hacen un contrato por menos tiempo. Y nadie acepta pagos de arriendo mes a mes. Vimos apartamentos que decíamos, "bueno, este es, por fin". Nada, mínimo un contrato de un año. Intentamos hablar con la dueña de la pensión donde nos estamos quedando, y nos dijo que nos alquilaba la casa por 5 meses, pero que ella podía seguir utilizando el cuarto de al lado para alquilárselo a otras personas. Nos dio pereza y le dijimos que no. Después como que se arrepintió -seguramente vio que se le iba a escapar el negocio- y nos propuso que nos alquilaba la casa -el segundo piso, quiero decir- solo para nosotros. La verdad es que ahí estamos bien: internet (lento como el diablo), cable, muebles y, sobre todo, un lugar limpio. Caro como un verraco, pero limpio.
viernes, 30 de enero de 2009
África y el romanticismo de postal
Parece que les aterra la idea de una ciudad que, gracias al petróleo, está entrando en la globalización. No pueden con la imagen de una tienda Hugo Boss en la rua Comandante Cheguevara (la tienda no queda en esa calle, pero esa calle sí existe y sí hay una tienda Hugo Boss).
Con esto no quiero decir que Luanda sea una maravilla porque tiene almacenes caros y carros lujosos. Quiero decir, más bien, que la búsqueda de lo típico, de lo que representa verdaderamente a África, es una idea romántica y, en últimas, tonta. Porque África también es esto: confusâo, tráfico, grupos de hip-hop (aquí hay uno buenísimo que se llama Afroman). No siempre, no necesariamente, hay que esperar tambores y bailes erótico-extáticos.
viernes, 16 de enero de 2009
Los edificios y la búsqueda de apartamento (II)
Cuando volvimos a la casa pensión después de ver el apartamento, y habiendo estado hace pocos días visitando la porquería de casa que nos mostraron, comenzamos a sentirnos en un barrio y una casa lujosísimos. Y es que no es que a uno le pidan mucha plata por una casa como en Ciudad Bolívar. No es que aquí sea que lo que es marginal en Bogotá o en cualquier otro sitio es lo que corresponde en Luanda al lujo. No. Aquí es otra cosa.
Una semana después de ver esos dos sitios fuimos el sábado a ver un apartamento y el domingo otro. El contacto era un conocido del conductor que a su vez tenía otro conocido, que a su vez conocía a alguien que estaba arrendando un apartamento. El penúltimo eslabón, para que nos pudiera mostrar el apartamento, nos pidió mil kuanzas (algo más de 10 dólares) que porque estaba de aniversario y lo íbamos a sacar de su festa. Al final, al otro eslabón, que me pidió 100 dólares de regalo de cumpleaños para su amigo, también le tuvimos que dar 1.000 kuanzas que porque él también estaba en la festa y que aquí los business eran así. El apartamento (un cuarto, salacomedor y una cocina deteriorada; 50 metros cuadrados aproximadamente) estaba un poco más descente que los anteriores y, por lo menos, no tenía basura en las escaleras. ¿Cuánto? 2.000 dólares sim mobilia y 2.500 dólares con mobilia.
El apartamento que vimos el domingo queda en la terraza de un edificio. En la terraza de un edificio quiere decir que se apropiaron de ese espacio y lo cercaron. Una de las paredes no era una pared propiamente dicha sino unas tablas de, háganse de cuenta, triplex. No tiene cocina y no tiene agua. El "dueño" del apartamento, un mestizo que se ve que hace pesas todo el día (había un aparato en la terraza), tenía una pistola sobre la cama y un libro sobre la vida y obra de Savimbi, el máximo líder de UNITA fallecido en el 2002. ¡Que susto! El tipo nos dijo que nos cobraba 1.000 dólares sim mobilia y 1.500 con mobilia. Que nos conectaba el agua y que nos arreglaba la "pared". Que el sitio era muy seguro porque queda cerca de la embajada de los Estados Unidos y que tiene unos vecinos muy distinguidos: nombró a su hermano que vive al otro lado de la terraza y, en el apartamento de abajo, un señor que hace tatuajes. No lo quisimos conocer.
La semaman pasada vimos otros apartamentos: una casa inhabitable, un apartamento minúsculo por el cual nos pedían 2.000 dólares y un par de apartamentos, los mejores que hemos visto hasta ahora, en muy buenas condiciones.
Algo bien simpático de toda esta búsqueda es conocer angolanos. Hablan hasta por los codos, son muy graciosos y están viendo a ver como le sacan a uno plata (esto último no es gracioso). Como Catalina trabaja en el día, yo he salido un par de veces con amigos del conductor a ver apartamentos. La última vez -el miércoles, me parece- monte inclusive en candongueiro (los angolanos les llaman taxis), que son unas camionetas azules destartaladas parecidas a los típicos Volkswagen de gringo hippie. Por su puesto, en ese tipo de transporte no montan los extranjeros. La gente se monta y es muy común que sin conocerse, se arme una polémica acalorada sobre política o sobre cualquier tema de actualidad. Alegan y alegan y alegan.
Y claro, vive uno también la cadena de intermediarios que se arma para ver un apartamento. Ese día del candongueiro nos bajamos en un sitio donde mi contacto se encontró con un conocido. Ese conocido llamó a otro conocido, que nos dijo que sí que tenía un apartamento para ver en yo no sé dónde. Todo ese trámite duro unos 45 minutos. Mientras tanto, discutían -en lo que alcancé a entender- yo de quién era cliente y cuál de ellos era realmente el contacto del apartamento. La cosa, claro, versa al final sobre propinas. Luego fuimos a ver la casa -otro candongueiro obviamente pagado por mí. Después de ver la casa el contacto de mi contacto se encontró con otros dos tipos que le dijeron que tenían otros dos apartamentos para ver. Al lado de uno de esos, me decían, vive un portugués y que eso estaba bon porque él también es blanco.
Finalmente, uno de los dos llamó a la mamá (me enteré después), caminamos un rato y la esperamos en una acera. Cuando llegó el carro, a esa altura éramos 5 personas. La dueña del carro dijo que sólo montaba 2, aparte de su hijo. Nos montamos, pues, mi contacto original, el hijo de la señora (un contacto como en 4to grado) y se quedó, aburrido y alegando, el contacto original de mi contacto. La señora era una funcionaria del gobierno que cuando se enteró que yo era colombiano, me dijo: Ah, Colombia, muita cocaína, Pablo Escobar. Muita, Senhora, muita, le respondí con cierto orgullo. Después, la señora reogió a una amiga, que era la dueño del apartamento.
lunes, 12 de enero de 2009
Los edificios y la búsqueda de apartamento (I)
Pero los edificios típicos de Luanda se ve que no les meten la mano. El estilo arquitectónico es muy sencillo: edificios de 5 o 6 pisos, con las líneas rectas que las ventanas le aportan a las fachadas. Los aire acondicionados salidos de cada apartamento también aportan su cuota a cada fachada. Por atrás, tienen como una especie de balcones donde la gente cuelga la ropa. Las entradas son muy sucias y, como me di cuenta cuando los comencé a visitar en búsqueda de apartamento, basura a lo largo de las escaleras. Todos tienen la puerta del ascensor acabada y el ascensor en otra época, porque a los que he entrado no les sirve. Hay grafitis por las paredes. "Durante a guerra tempos muito dificiles", me decía la otra vez el conductor.
En el 92, cuando se rompieron los acuerdos de paz, esta ciudad fue uno de los escenarios de la confontación entre el MPL y UNITA, los dos bandos principales del conflicto. Todavía, sobre todo en el centro, pueden apreciarse algunas ruinas.
Al lado, pues, de esos edificios, se encuentran muchas veces tugurios o casas hechizas con mucha basura al frente. Esto de la basura me ha llamado mucho la atención, sobre todo, porque la ciudad tiene malos olores por todas partes.
Me gustaría saber si la simplicidad de los edificios "viejos" es un estilo influido por el comunismo (el partido que ha gobernado este país era de esa tendencia) o es un asunto de los portugueses. Los primeros días los edificios me reforzaron mi referencia hollywodense. Después los comencé a ver bonitos: si los pintan y los limpian podrían darle a la ciudad una apariencia muy agradable.
En el centro de la ciudad, donde puede verse la bahía, hay contrastes de otro tipo. Al lado de los edificios de marras, hay construcciones portuguesas -como el Banco Nacional de Angola- hermosas. También hay edificios nuevos (más bien feos: imponentes con vidrios polarizados) de petroleras y compañías extranjeras. Es una lástima que rompan el estilo de una forma tan abrupta.
En todo caso los contrastes son una locura. Más si se tiene en cuenta los precios de los apartamentos y de las casas. La primera casa que visité queda en La Ilha, que es una especie de isla al frente del centro de la ciudad, donde quedan las playas, los bares y los restaurantes. La entrada de la casa olía realmente mal. Tenía basura en la entrada. Oscura. Al lado, casas locales hechas en adobe. La calle sobre la que se ubica, destapada. El interior de la casa completamente sucio. ¿Cuánto? US$ 2.000. ¡¡Dos-mil-do-la-res!! Dicen que como no hay oferta de vivienda y hay mucha inversión extranjera, los locales están cobrando lo que se les da la gana. Bendita competencia. No hay nada mas sano que la competencia, pensé.
Primeras impresiones
Estábamos en esas, cagados del susto, cuando Catalina me dice que ya vio al man con la cachucha de la organización. !!!Uff!!!, que bueno, le contesté. Nos ayudó con las maletas. A mí se me acercaba la gente y me pedían euros. Uno se acercaba mucho y me decía que tenía hambre mientras se sobaba el estómago.
Mirando la ciudad desde la camioneta, comencé a sentirme en diamantes de sangre -esa sensación me duró como tres días. Al lado de carros increíbles, acabados de salir del concesionario, empieza uno a ver otros -literalmente- vueltos mierda. Y claro, comienza a ver edificios acabados y mugre, mucha mugre y mucha basura por las calles. Y malos olores. Como los de la entrada de la casa a la que llegamos.
La casa a la que llegamos queda en un segundo piso de una casa más grande. Sacaron un apartamento, como se dice en los barrios populares de Bogotá. Apenas entramos nos miramos aterrados: ¿Donde estamos? ¿Esto cuesta US$ 200 el día? Y comenzamos a comparar: estamos en una casa lujosísima en Ciudad Bolívar. Lujosísima, pero como en Ciudad Bolívar. Las ganas de comparar no se nos han ido como se nos fue la sensación de diamantes de sangre. Creo que es inevitable: asimilar algo desconocido a partir de lo conocido.
La primera noche estábamos tan cansados después de viajar tres días, que caímos fundidos. Catalina se fue a trabajar al otro día y yo me quedé leyendo en la casa, sin salir a la esquina. La verdad, la experiencia del aeropuerto me dejó con miedo. Catalina también ayudó un poco: "es que tú pareces europeo y por eso te pedían euros". También me acordé de lo que había leído en internet antes de venir: si sale hágalo en carro, no salga solo. Me quedé, pues, alimentando mi miedo y leyendo un libro que compré por amazon de un periodista gringo que cubrió desde principios de los 80 el conflicto angolano. Un verdadero desastre.