domingo, 1 de marzo de 2009

Rutina

Estoy comenzando a sentir los efectos de la rutina. Después de dos meses de vivir en Luanda, lo que antes me impresionaba, hoy es cosa de todos los días. Ya puedo caminar por las calles sin ese asco que sentía al principio. Hábil, sorteo toda la porquería de los andenes. Doy brincos impresionantes para no meter mis pies en los charcos. Me paso a la calle y me meto por los espacios que dejan los carros parqueados a ambos lados de los andenes. En la calle, esquivo los carros para que no me atropellen. Esta ciudad no es una ciudad para caminar. Pero ya no me importa. Ya no me dan nauseas los olores. Y me he acostumbrado al humor de la gente.

En este tiempo, nuestra vida ha transcurrido entre la oficina y la casa. Rutina pura y dura. La casa en la que vivimos y el edificio de enfrente, que tanto nos aterraban, se han convertido en paisaje. Incluso me alegra volver a la casa después de trabajar todo el día en la oficina. Ya miro por la ventana y me parece normal encontrarme el edificio de enfrente lleno de antenas parabólicas, aires acondicionados, basura en la entrada y muchos niños jugando (Angola está llena de niños).

Hace poco estuvimos sin energía quince días. Menos mal tenemos un planta eléctrica (geradore, le dicen aquí, aunque no sé cómo se escribe en Portugués) y eso nos permitió tener luz. Lo malo era el agua. Cuando se va la luz se va el agua y el gerador que tenemos no alcanza a subirla. Teníamos que pedirle a los dueños que nos conectaran el agua de abajo y nos tocaba bañarnos rapidísimo por las noches. Por las mañanas, un duchazo con totuma y agua en baldes. También nos estábamos acostumbrando a eso. Un día volvimos de trabajar y había otra vez luz (y agua).

Ya dejamos de hacer la operación Kuanzas, dólares, pesos. Ahora sólo kuanzas dividido dólares. La operación mental la hacemos con toda la naturalidad del caso: masomeneando la división. Lo que sí nos siguen pareciendo extrañas son las enfermedades y epidemias. Hace como un mes, tuvieron que cerrar la frontera con el Congo o con la República Democrática del Congo –no me acuerdo bien- porque temían que se pasara el virus del ébola. Este mes el tema en la prensa y en la radio fue la epidemia de rabia. Se murieron más de 60 niños en la ciudad, mordidos por perros infectados. En las emisoras la gente protestaba y alegaba contra el Gobierno. Un radioescucha, muy bravo, dijo que si el gobierno no hacía nada, el mismo iba a comenzar a matar a los perros en las calles. A esto habría que añadirle la malaria y el dengue. Aunque en Luanda no hay tanta malaria, se presentan muchos casos. Dicen que al mosquito que la transmite no le gustan los ambientes fríos, entonces que el aire acondicionado ayuda. Cuando me dé, supongo que también voy a acoplar la malaria a la normalidad.

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