Aquí estuvo su Santidad tres noches y cuatro días. Tiene un estilo diferente al de Juan Pablo II: no besa el suelo del país al que llega, pero camina encima de la alfombra roja como si fuera cualquier jefe de Estado. Pero tampoco: no es como cualquier jefe de Estado. Los políticos le dan la mano pero, al mismo tiempo, inclinan levemente el tronco como gesto de reverencia. Así lo saludó el presidente de Angola, Jose Eduardo dos Santos. Su esposa y otros miembros de la comitiva le besaron la mano (o el anillo; nunca he podido saber bien). “Angola vive tempos novos, tempos de esperança”, le dijo el presidente.
La ciudad estuvo parada durante 4 días. El viernes cerraron las calles por la llegada y no fuimos a la oficina. El fin de semana todo estuvo quieto y el lunes, por lo menos en mi oficina, la gente se tomó el puente por derecha.
El Papa tuvo unos días muy agitados: invitación del presidente, misas multitudinarias, paseos por Luanda en el papamóvil. Para su edad, tiene mucha resistencia física. Soportó toda la jornada con cierto estoicismo y mala cara, debida tal vez al cansancio. Estaba muy rojo y, en las misas, se limpiaba el sudor con un pañuelo que guardaba en la manga de su sotana. Todo esto lo vi por televisión. Catalina me dijo que saliéramos a verlo en vivo y en directo, pero me dio pereza. Y no me faltó la razón: la visita del Papa dejó un saldo de 2 muertos por asfixia (los cuales lamentó mucho), 90 heridos, 10 de ellos de gravedad. “Bento, amigo, Angola está contigo”, gritaban en las calles.
Políticamente hablando, el Papa reafirmó la posición del Vaticano frente a los preservativos y el SIDA: la fidelidad es la clave, piensa el célibe cabeza de la Iglesia Católica. De resto, lo obvio: sí, Angola se está recuperando muy bien de la guerra, pero todavía hay muchos pobres; las mujeres y los niños sufren mucho y hace falta ampliar la educación.
A mi lo que me intrigó mucho fueron los asuntos mundanos referidos al protocolo. El Papa es una especie de figura intermedia entre lo sagrado y lo profano. Es representante de Cristo en la tierra y a la vez jefe de Estado (con todo lo que implica ello); es un hombre, pero también se mueve en los terrenos de la santidad. El caso es que participa de ambas cosas y ese hecho se marca no sólo en su atuendo, sino en el respeto y distancia que su Santidad inspira. Vayamos entonces al terreno de lo profano, donde quiero dejar planteadas unas presuntas: ¿Comió funge, el plato típico de Angola? ¿Intentaron ofrecérselo? A juzgar por su piel, ¿por qué no le sugirieron que se echara bloqueador solar, al menos un SPF 50? ¿Sugerirle eso sería irrespetuoso? ¿Suponen, sobre todo los edecanes que lo acompañan, que él organiza su propio neceser? ¿Tienen, para decirlo en colombiano, un reserva de Lomotil pera lidiar con las complicaciones intestinales que puede sufrir el Papa y que de hecho sufrimos todos los extranjeros cuando llegamos a este país?
martes, 31 de marzo de 2009
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Que gracias Chiquillo pensarlo en Lejanías, opinando del tema que tanto ha dado que hablar en la familia Arango, por más laicos y agnósticos que sean.
ResponderEliminarCasualmente estoy coleccionado imágenes del Benedicto, que por cierto es un nombre poco comercial, nada como Juan Pablo segundo, eso si vendía.
A sus preguntas añadiría ¿uso los botines Prada rojos? ¿Por el calor usaría medias tobilleras? ¿al papa le da pecueca?..Si si…que fuerte…
Lo seguiré leyendo mi hermanito…
Hola Ego,
ResponderEliminarEs cierto. A este Alemán le hace falta carisma y mucho pelo pa moña. No sabía que el hombre usaba botines prada, siempre pensé que usaba una especie de sandalias que le cosían unas monjas viejitas italianas. Gracias por las imágenes.