viernes, 28 de agosto de 2009

Sin luz (ni agua)

Ya vamos para la tercera semana sin luz y sin agua. Al principio pensamos que iba a ser una cosa pasajera. Nos decíamos, entre otras cosas, que los tipos que estaban haciendo los trabajos de reparación en la calle habían dañado algún cable. Como al tercer día nos enteramos que el agua se filtró entre los fusibles del edificio, hizo un cortocircuito, casi hace un incendio y se brincó la luz de todo el edificio.

El que nos contó fue un gordo bonachón de ojos femeninos y cejas que parecían (o eran) depiladas. En ese momento estaba hablando con un electricista que estaba mirando los fusibles y haciendo una cotización. Le preguntamos que cómo era el asunto, que si los vecinos se iban a reunir e iban a pedir una cuota por cada apartamento. Nos dijo que sí, que iban a pasar por cada apartamento. Pasó una semana y nada. Una mañana que salíamos para el trabajo, mi mujer le preguntó al vecino que si sabía algo de la luz y que con quién teníamos que hablar para pagar nuestra cuota. Se encogió de hombros y le dijo que no sabía nada. Esto va para largo, pensamos.

En este, como en muchos otros edificios de Luanda, no hay una administración. Poner a la gente de acuerdo acerca de los temas de interés común es una tarea dificilísima. La limpieza de las escaleras, por ejemplo, es una de ellas. La gente bota basura a lo largo de las escaleras (cáscaras de banano, latas de cerveza y gaseosa, paquetes de papas, etcétera) y llega un punto en el que se acumula tanta basura, que las escaleras del predio comienzan a oler realmente mal.

Cuando nos pasamos al apartamento hace como dos meses preguntamos que si había alguna persona encargada de limpiar las escaleras. Nos dijeron que sí pero que no había vuelto. Le preguntamos nuevamente a Toy –el gordo bonachón me pidió llamarlo así- y nos contó que la señora no había vuelto porque muchos apartamentos dejaron de pagar la cuota y la señora dejó de recibir su paga. Total, las escalaras permanecen sucias hasta que llega alguien –me gustaría saber quién para unírmele- se desespera y las manda limpiar.

Si es así con la basura que la gente deja en las áreas comunes no quiero imaginarme lo que vamos a durar sin luz mientras se ponen de acuerdo sobre cómo van a arreglar la electricidad del edificio.

Lo peor del cuento es que cuando se va la luz se va también el agua. En nuestro predio, o por lo menos en nuestro piso el agua funciona más o menos así. El agua sube hasta un tanque de concreto que está en el pasillo del apartamento junto a otros tanques. (Al principio eso me pareció raro: cuando uno llega al pasillo el tanque de agua de nuestro apartamento está ahí a la vista.) El agua sube hasta el tanque impulsada por una electro bomba, también exclusiva de nuestro apartamento y que queda, no sé por qué, en un cuarto de máquinas del edificio de al lado, también junto con las electro bombas de los otros apartamentos. Para que el agua suba hasta el tanque hay que encender uno de los fusibles del apartamento. Luego –siempre y cuando el tanque tenga suficiente agua- hay que encender otro fusible para que otra bomba envíe el agua desde el tanque hasta el apartamento. El proceso tiene, como se ve, muchos trámites y peligros. Una vez dejamos encendido el primer fusible y el nivel del tanque estaba dañado: inundamos el pasillo, el agua llegó hasta el piso de abajo, me gané un regaño de un vecino y, si no nos damos cuenta, inundamos todo el edificio.

En todo caso, todo el proceso del agua requiere electricidad. Como no tenemos luz (ni agua) llevamos tres semanas comprándole a un miudo galones del preciado líquido. Con ellos llenamos una caneca que tenemos en la cocina. Uno de los problemas de nuestro nuevo sistema de abastecimiento es que no siempre podemos conseguir al miudo. Para que se entienda, la caneca dura más o menos dos días. Si al tercer día el miudo no aparece y cualquiera de los dos estómagos sufre el más leve revés intestinal, ¡la puta que te parió!

Aunque estoy poco a poco abandonando el baño diario, he aprendido a maximizar los baldes de agua necesarios para la limpieza corporal. Para bañarse son necesarios tres baldes de aproximadamente 9 litros, es decir, 27 litros de agua mal contados. Menos es suciedad más es desperdicio. Lo más aconsejable es lavarse primero el pelo en el lavamanos. Para ello se pone el balde al lado y con una coca se enjuaga el pelo, se lava con champú y se vuelve a enjuagar; no es necesario repetir el procedimiento. Después hay que ir a la ducha y seguir con el resto del cuerpo.

Al principio opté por una técnica que gastaba mucha agua y que consistía en lavarse primero las extremidades inferiores y terminar con el tórax y los brazos. Lo mejor es enjuagarse, enjabonar todo el cuerpo y retirar el jabón de arriba para abajo. De esta manera el agua quita el jabón y mientras cae va retirando el jabón de más abajo. Así, cuando se llega a las piernas, retirar el jabón requiere de mucha menos agua.