lunes, 4 de mayo de 2009

Técnicas para falar português

Una de las experiencias más enriquecedoras de estar en un país extranjero que habla un idioma distinto al de uno, es aprender a hablar su lengua. Nosotros llegamos sin hablar nada de portugués y ahora, después de cuatro meses y sin que nos diéramos cuenta, estamos hablando un portoñol pasable.

Ha sido un proceso paulatino. Al principio, Catalina y yo optamos por dos técnicas diferentes para podernos comunicar. Dado el parecido con nuestra lengua madre, Catalina optó por hablarle a la gente -en un perfecto español- despacio, modulando cada palabra, acentuando cada sílaba, como cuando uno le habla a alguien con problemas de audición o con algún tipo de retrazo mental. Yo me burlaba y le decía que las personas de aquí no eran brutas -no hablan español, eso es todo- y que no le estaban entendiendo un carajo.

Dado el parecido con nuestra lengua madre, yo escogí otra técnica igualmente ridícula. En un español risible, comenzaba a imitar los sonidos del portugués; algo así como "voy a regresar a mi casiña". Obviamente nadie me entendía y Catalina se burlaba preguntando que si yo, en serio, creía que estaba hablando portugués.

Poco a poco fuimos dejando esas técnicas de lado. Definitivamente uno empieza a hablar cuando se ve obligado a usar la lengua: comprar en el supermercado, comunicarse con los colegas del trabajo, hablar mal de los jefes, viajar y, sobre todo, preguntar para qué sirve tal o cual palabra, qué puedo hacer con ella. Wittgenstein tiene toda la razón: hablar, utilizar un determinado lenguaje, es una actividad natural como caminar o comer. Uno no se da cuenta cuando pero de pronto cae en cuenta que está usando con una naturalidad increíble una herramienta, una determinada expresión. "El lenguaje es una forma de vida", dice más o menos Wittgenstein.

Aunque suene contradictorio, una de las dificultades que tenemos los hispano hablantes para hablar portugués y usar sus herramientas, es el parecido de éste con el español. Este es el fenómeno del portoñol: aprendemos dos o tres palabras (eu, ficar) las mezclamos con español y creemos que ya estamos hablando portugués. Y, como los luso hablantes pueden derivar ciertos significados de las oraciones así formadas, dejamos de esforzarnos y ficamos con ese revoltijo hediondo que es el portoñol.

Los doctores cubanos son muestras clásicas. Una vez fuimos a la clínica porque Catalina estaba enferma. Empezamos a oír hablar español con acento cubano y nos dimos cuenta de que todos los doctores eran de la isla. Ahora, los cubanos han sido importantes en la historia de Angola y uno esperaría que los que viven aquí hablen un portugués al menos básico. Cuando estábamos esperando el turno, vimos que salía un doctor que le decía a una paciente que guardara cama y que si empeoraba volviera a verlo. La señora lo miró aterrada y puso una cara como de "¿que qué?". Él se esforzó un poco más y le dijo, "você tiene que guardar..." La señora, obvio, no entendió nada y le tocó a una enfermera angolana, que se ve que le ha tocado aprender a hablar español con los cubanos, explicarle lo que le había dicho el doctor.

Yo estoy tratando de escaparme de la trampa del portoñol. Los viajes a Menongue me han servido mucho; también los periódicos angolanos que compro de vez en cuando. Pero, sobre todo, los viajes. En los viajes, se não falo português, me jodo, e ninguém quer estar fodido.